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Departamento de Ciencia Política
Boletín "El Muro No. 1 - 2014"
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~ EL MURO, boletín electrónico del departamento de Ciencia Política - UN ~

   

El techo de Derecho: una nueva manifestación de la crisis

 

Para los estudiantes, profesores y trabajadores de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, el que termina no fue un semestre fácil. En las primeras semanas de clase, los trabajadores de la Universidad iniciaron un paro que se prolongó por varias semanas y obligó a extender el calendario académico hasta febrero de 2014. Otros problemas recurrentes afectaron a la Sede Bogotá, como los inconvenientes con la inscripción de asignaturas y cierres del campus como consecuencia de disturbios. Adicionalmente, la Facultad de Derecho se enfrentó a un nuevo obstáculo: la caída del cielo raso de una parte del segundo piso del edificio.

Sin embargo, lo ocurrido no generó mucha sorpresa. De acuerdo a un informe presentado por la División de Infraestructura de la Nacional, en el 2012 el 56% de los edificios del campus estaban en riesgo de vulnerabilidad alto, entre ellos, la Facultad de Derecho Ciencias Políticas y Sociales. Así, que se precipitara una parte del techo no era un evento imprevisible. A pesar de esto, el hecho sí generó indignación. La situación obligó a cerrar parcialmente la Facultad y a reubicar en los demás edificios del campus las clases que están a cargo de los departamentos de Derecho y Ciencia Política. Con esto, estudiantes y profesores se encontraron en la misma situación que Arquitectura y Enfermería, recibiendo clases dispersos en toda la Universidad, en espacios que no siempre fueron los más adecuados.

Las acciones de protesta de estudiantes y profesores, entre las que se pueden destacar la realización de clases en espacios abiertos dentro del campus, en las calles e incluso en estaciones y buses de Transmilenio, hicieron que el tema fuera visible para el resto de la Universidad y para el país. Con las denuncias no sólo lograron poner en evidencia la caída de una parte del techo, sino la crisis de infraestructura por la que atraviesa la Universidad Nacional de Colombia. Como resultado, medios de comunicación, columnistas y algunas figuras políticas hicieron eco de la urgencia de salvar al U.N. de la crisis, que a su vez es el resultado de la actitud cómplice que las últimas administraciones de la institución han asumido frente a las políticas de desfinanciación de la educación superior pública de los gobiernos nacionales en las dos últimas dos décadas.

Aunque algunas clases han retornado al edificio, se anunciaron estudios para determinar el estado de la estructura y se están realizando reparaciones, el problema sigue ahí y las directivas no parecen querer afrontarlo. Para la muestra, basta revisar la respuesta ambigua e insuficiente que la Rectoría y la Vicerrectoría adoptaron. Por una parte, días antes del accidente en la Facultad y en respuesta a un reportaje que denunciaba el estado de abandono o de serio deterioro de algunos edificios del campus, la administración de la Universidad afirmó que la institución no está en crisis. Al mismo tiempo, el rector y otros funcionarios han aceptado que la U.N. no cuenta con los recursos necesarios para afrontar los gastos de infraestructura que requiere. La manera de subsanar esta deficiencia, ha afirmado el rector, es por medio del proyecto de ley de la estampilla universitaria, que fue aprobado en el mes de diciembre por el Congreso y con el que se busca cubrir, en un periodo de cinco años, las inversiones de alrededor de dos billones de pesos que actualmente requieren ser realizadas. La otra respuesta dada por las directivas es hacer uso de la figura de donaciones, modelo impulsado por el vicerrector Diego Hernández. En esta línea, un grupo de egresados de la Facultad propuso una «donatón», saludada alegremente por el decano, y cuyo eslogan fue un cínico «Construyendo una cultura de la donación». Aunque en ambos casos la Universidad recibe recursos, la responsabilidad del Estado de financiar la educación superior pública queda de lado. Y esta, definitivamente, no es esta la cultura que debemos construir.

En un momento en que distintos actores reconocen el deficiente estado de la financiación de las universidades públicas, las directivas de la Universidad Nacional harían más si en lugar de ocultar la crisis, aprovecharan la oportunidad política de exigir al gobierno nacional que destine el presupuesto que las universidades públicas requieren para continuar funcionando con estándares de calidad.

   

La Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales vista desde una Egresada

 

Claudia Jimena Arenas Ferro
Enero de 2014

En los años 90´s, cuando ingresé a la facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, de la Universidad Nacional de Colombia, apenas se creaba la carrera de Ciencia Política. Eran ya épocas de privatización y neoliberalismo para la política educativa en el país, sin embargo aún quedaban remanentes de épocas pasadas. Junto con los estudiantes que salíamos de colegios a la Universidad, también se encontraban estudiantes que llevaban entre 3 y 5 años en la facultad y aun no se acercaban al fin de sus carreras. Es decir que los estudiantes de principios de los 90´s y los de fines de los 90´s podíamos bien encontrarnos en las mismas aulas de clase.

La facultad a la que entré se encontraba en medio de un debate por la apertura de la nueva carrera sin una ampliación de la planta docente, pero también se encontraba en un momento de alta vitalidad. Durante mi paso por ello se organizaban seminarios, coloquios y eventos que generaban altos niveles de asistencia y nos permitían mantenernos al día en relación con las discusiones políticas del país. Al mismo tiempo, teníamos la oportunidad de debatir en clase y ser acompañados por docentes con largas carreras de investigación. Recién se abrían los grupos de trabajo e investigación y había un cierto frenesí de actividades.

Por supuesto, la carrera de Ciencia Política aún no se perfilaba tan claramente, sus énfasis se encontraban en desarrollo y además veíamos cursos obligatorios en Economía y Derecho, que nos contextualizaban las discusiones epistemológicas, teóricas, analíticas de la ciencia política. Tampoco teníamos claro, como estudiantes, cual podría ser nuestro futuro laboral o de qué manera práctica podríamos aplicar los conocimientos y las capacidades adquiridas en nuestro paso por la Universidad.

Ahora bien, han pasado más de tres lustros desde aquella época y es posible hacer una comparación con respecto a la situación de la facultad, considerando los siguientes aspectos: i) ubicación de los egresados, ii) nivel de debate y eventos que realiza la facultad, iii) planta docente e iv) infraestructura física. Para este corto análisis me centraré en la carrera de ciencia política, aun cuando algunos de estos aspectos sólo pueden ser analizados en conjunto para la facultad y aclaro además que el análisis se limita a estos aspectos por acceso a información, pero que se podrían requerir reflexiones también sobre aspectos como pensum, acceso a la información, uso de tecnologías, presencia en medios y otros.

i) Ubicación de los egresados

En primer lugar debo aclarar que los siguientes comentarios se realizan desde una información limitada, ya que falta un estudio sistemático de la ubicación de los egresados de la carrera. Sin embargo es posible identificar lo siguiente:

- Los egresados de ciencia política han ido construyéndose espacios académicos y de investigación en diferentes universidades del país y del exterior. Muchos de ellos, a pulso propio, han continuado estudiando maestrías y doctorados tanto en Colombia, como en diferentes partes del mundo, pero en particular se pueden señalar países como Argentina, Brasil, Ecuador, México, Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Suiza, España y Turquía en los cuales hay o ha habido egresados de la carrera realizando postgrados.

- Otros espacios en los que se encuentra un número importante de egresados son el de la administración pública, tanto a nivel nacional como a nivel regional y local, y los cuerpos colegiados de estos mismos niveles, en los cuales suelen ser asesores.

- El ingreso a una carrera política electoral en cambio ha sido más limitado por parte de los egresados de ciencia política. Algunos y algunas se han ubicado en grupos políticos o como asesores de figuras políticas, pero no necesariamente como candidatos o candidatas.

- Finalmente, hay una presencia de egresados y egresadas en organizaciones de la sociedad civil colombiana, organizaciones de la sociedad civil Internacional y en agencias del sistema de Naciones Unidas.

Es posible concluir entonces que ha habido un paulatino posicionamiento de los egresados de ciencia política en diferentes ámbitos que les permiten un desarrollo profesional y van generando además una capacidad de incidencia sobre el futurodel país.

ii) Nivel de debate y eventos que realiza la facultad

En la facultad continuamos realizando debates y eventos, quizá los que han tenido mayor relevancia e incidencia sobre la realidad nacional han sido los foros de participación que ha desarrollado el “Centro de Pensamiento y Seguimiento al Dialogo de Paz” en conjunto con Naciones Unidas, en el marco de las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP. Sin embargo, es evidente la reducción de la asistencia a la mayor parte de los eventos (descontando dichos foros de participación, claro está) que se realizan en la facultad; se pueden mantener altos niveles de debate, pero los participantes son cada vez menos y el cubrimiento de ellos se suele limitar a los medios de la misma universidad. Este es un aspecto que requiere de una reflexión y revisión, por cuanto al par con las publicaciones, también los eventos académicos son fundamentales para posicionar a la facultad como un actor relevante en la realidad política del país.

iii) Planta docente

La planta docente ha tenido pocas ampliaciones a lo largo de los últimos años. La supuesta apuesta de la Universidad por lograr un relevo generacional se ha visto limitada en parte por un aspecto presupuestal. Pero además, al ir ampliando los programas de postgrado de la facultad, ha sido necesario que la misma planta docente se multiplique a sí misma para cubrir nuevas necesidades. La solución aplicada para poder garantizar el cubrimiento de todas las necesidades de docencia ha sido por una parte la contratación de los llamados “docentes ocasionales” y la de los programas de tutores por parte de estudiantes de postgrado de la misma Universidad. Este es un aspecto que también requiere de reflexión y revisión, en especial porque si se consideran los avances de los egresados en diferentes espacios (incluyendo algunos que nos encontramos investigando y en docencia en la misma facultado) podría ser pertinente acercarse a ellos y ellas para enriquecer y alimentar los debates que se llevan en la carrera de ciencia política.

iv) Infraestructura física

Desde la caída del cielo raso en el segundo semestre de 2013, quedo patente el nivel de deterioro de la infraestructura física de la facultad. Sin embargo esta situación ya había sido publicitada por docentes y grupos de estudiantes durante los años anteriores. Además de las condiciones del edificio, actualmente en reparación, a lo largo de los años se han ido perdiendo espacios y servicios que para el funcionamiento de la facultad podrían resultar necesarios como lo son la cafetería y la fotocopiadora. A pesar de la adquisición de una serie de sillones que se han ubicado en el hall del primer y del segundo piso, y de la reubicación que se había hecho de la sala de docentes al tercer piso, la facultad no tiene espacios adecuados para el estudio en grupo o para las discusiones y debates. El contar con espacios para este tipo de actividades es fundamental para construir comunidad académica y si bien la biblioteca puede utilizarse para el estudio individual y el auditorio para eventos, aún faltan espacios de discusión y encuentro cómodos y agradables.

Aun faltaría plantearnos una pregunta central, más allá de las consideraciones realizadas bajo los cuatro puntos mencionados para el análisis de la situación de la facultad: ¿Hasta dónde podemos hablar de una comunidad académica constituida para la carrera de ciencia política? Y es quizá con esta pregunta que quiero terminar, puesto que no sólo concierne a los docentes y estudiantes actuales, sino también a los egresados y egresadas. Para plantearlo de otro modo ¿Hasta dónde nos identificamos todos y todas con nuestra Facultad una vez nos encontramos en el espacio del ejercicio profesional? ¿Podemos hablar de un posicionamiento individual de los egresados o por grupos de egresados que se son cercanos o podemos hablar de un posicionamiento y reconocimiento en conjunto de los egresados de la facultad? Estas serían preguntas que podrían entrar a responderse con un estudio sistemático de la situación actual de los politólogos y politólogas de la Universidad Nacional de Colombia.

   

“Pa que se acabe la vaina”: un comentario

 

Edwin Cruz. Politólogo
Publicado en el portal web Palabras al Márgen

A lo largo de sus 237 páginas, el más reciente ensayo del escritor colombiano William Ospina construye una abigarrada representación de la historia del país, en la que se entretejen la crítica literaria y cultural, la historia política y social, en una particular interpretación. Ese trasegar por nuestro pasado aporta diversos elementos para la comprensión de la Colombia actual, sus problemas y sus alternativas.

El argumento central del texto, salpimentado con originales lecturas de acontecimientos nodales de nuestra historia y con un persistente afán por hacer justicia a los héroes y heroínas olvidados, está referido al problema de la identidad o, como lo denomina Ospina, la “conciencia de sí”. A su juicio, Colombia no ha podido reconocerse y proyectarse al mundo como lo que realmente es, no se ha reconocido a sí misma, puesto que la “dirigencia” de “las bayonetas y las sotanas”, heredera de los privilegios desde la Colonia, ha invisibilizado sus pueblos y su cultura no menos que su territorio y su naturaleza, construyendo un relato nacional basado en todo tipo de exclusiones, y simulando un liberalismo y una modernidad que sólo formalmente han afectado la realidad.

Para el escritor tolimense, tal problema está ligado a la persistencia del colonialismo, porque una de sus “herencias más crueles” es impedir que las colonias dejen “asomar sus rasgos verdaderos”. Sin embargo, esta cuestión está mucho más presente en Colombia que en otros países de América Latina, como México, que han podido construir una conciencia de sí en diálogo con la modernidad. “[L]as naciones de América Latina –dice- sólo se han hecho visibles para el mundo cuando fueron capaces de mostrar su verdadero rostro, su compleja originalidad” (p. 9). En cambio, la historia colombiana deja ver un terco y constante desprecio de las élites hacia el pueblo, sus expresiones culturales y sus costumbres (p. 30), que se traduce en una vergüenza de sí mismos (p. 31), en una incapacidad para aceptar la realidad y en un afán por imitar acríticamente o simular aquello que consideran moderno.

Siguiendo a Ospina, en el centro de ese problema está la invisibilización de la realidad del país, el encubrimiento de su diversidad geográfica, ambiental, cultural y étnica, por parte de la minoritaria élite que gobierna hace dos siglos. Una invisibilización que está detrás de la endémica violencia: “Todo un mundo pugnaba desde el comienzo por salir a la luz, por mostrar su originalidad, pero un discurso cerrado de inautenticidad y de opresión, el desprecio de sí mismo convertido en doctrina, arrastró primero a Colombia a la locura y al horror, antes de que aprendiéramos a escuchar el rumor de todas nuestras tradiciones, antes de aprender que ninguna enseñanza es más sabia que aquellas viejas palabras de Píndaro: “Llega a ser el que eres” (p. 65).

Ospina demuestra con suficiencia que, frente a ese violento empeño por invisibilizar y excluir, fue el arte, la literatura, la poesía, la música y, pese a la represión, los movimientos populares, los que se encargaron, desde abajo y a contracorriente por supuesto, de ir descubriendo lo que las élites se esforzaban en ocultar, reconocer y dignificar. No obstante, por la fuerza se impondría un “relato de nación” excluyente que reproduce el discurso colonial y encubre la realidad: “una interpretación europea de la naturaleza, una interpretación católica del orden social, un discurso republicano imitado de la Revolución francesa y el remedo de unas instituciones nacidas del pensamiento liberal pero asentadas sobre el poder de las castas y de las armas” (p. 12). Según Ospina, a diferencia de otras naciones en América Latina, en Colombia nunca se incorporó al pueblo en la “leyenda nacional”: “Es lo que hicieron la reforma de Benito Juárez en México y la de Eloy Alfaro en Ecuador, las reformas de Roca e Irigoyen en Argentina y la revolución de los mineros de Bolivia en 1952” (p. 13).

Todo ello se traduce, en lo que constituye una muy original, en un desencuentro o una falta de correspondencia entre la lengua y la realidad. Al respecto nos dice el escritor: “la lengua que vino de otra parte, que se sentía superior al mundo al que llegaba, desde el comienzo intentó no descubrir sino cubrir este mundo con sus interpretaciones y sus imposturas, con sus verdades, su autoridad y su importancia, pero procuraba flotar sobre la realidad sin arraigar en ella, no pretendía descifrar la realidad sino acomodarla a su lógica, y terminó siendo menos un instrumento para entender el mundo que un instrumento del poder para disfrazarlo o para desentenderse de él” (p. 172).

Vale la pena resaltar el esfuerzo del autor por comprender desde una perspectiva holística y de larga duración las raíces de los problemas del país, empezando por la guerra. Si bien las primeras líneas del ensayo nos informan que el conflicto armado colombiano tiene más de cinco décadas, su análisis se proyecta mucho más atrás, a los orígenes mismos del Estado y de la nación colombianos. Incluso el hecho mismo de situar el orígen del conflicto desde hace más de medio siglo implica arrebatar la explicación sobre la guerra en Colombia a ciertas tesis facilistas que han pretendido explicarla por la existencia del narcotráfico, fenómeno éste que Ospina prefiere explicar por la misma cerrazón de las élites colombianas que no permiten el ascenso social (p. 215-216). Pero además, tal interpretación de la guerra pone el dedo en la llaga de aquellos que ven la ola de violencia que se proyecta desde la década de los ochenta como algo inconexo con la violencia que ha caracterizado la historia colombiana, pues destaca las constantes y los factores estructurales que la han engendrado, arraigados en la mediocridad de las élites y su obstinado y violento empeño en mantener sus privilegios. Finalmente, esa lectura también cuestiona la tesis según la cual el conflicto se explica por la ausencia del Estado, para enfatizar más bien la forma como ese Estado ha sido construido en la historia del país: un Estado privatizado que no ha sabido construir legitimidad, ni ha incorporado la población a la legalidad, ni ha creado una esfera pública, sino que más bien ha servido para conservar tales prerrogativas, empezando por la propiedad muchas veces de procedencia dudosa, de un sector minoritario.

De pronto, el énfasis que Ospina hace en el poder de las élites o de la dirigencia colombiana pueda llevar a pensar que constituye el único sujeto con capacidad de agencia sobre la historia. Podría criticarse, como lo hace Catalina Holguíni, el poco espacio que en el ensayo tienen las mujeres, los indígenas y los afrodescendientes, en comparación con los “hombres mestizos”: “las mujeres –dice Holguín- no han tenido ningún rol político o cultural apreciable en esta vaina. Y las "ciento veinte naciones indígenas" que cita el autor, con excepción de Quintín Lame, solo aportan sus rastros arqueológicos y su conocimiento de la naturaleza. El rol político que han jugado los cabildos del Cauca, por poner un ejemplo, en la resistencia a proyectos centralistas y a incursiones de violencia de todos los bandos no es para el autor un rol de ciudadanos cambiando la historia nacional”. Esa ausencia de los sujetos subalternos en el relato, quizás podría explicarse por el encubrimiento que sobre sus luchas y sus expresiones culturales se ha desplegado de forma violenta, tal como lo demuestra Ospina, más que por un supuesto interés deliberado del autor. Sin embargo, cabe anotar que el escritor se esfuerza por recuperar la memoria de tales sujetos: en la obra no sólo aparecen las hazañas de Quintín Lame o María Cano y la obra de Marta Traba, sino también las de Manuel Piar y Agustín Agualongo, Guadalupe Salcedo y Manuel Marulanda Vélez, así como la de todos los soldados del ejército y los combatientes de la insurgencia, héroes anónimos, al lado de sus víctimas, entre otros. Por eso resulta plana esa lectura que afirma:

“Ospina martilla con notoria recurrencia la tesis ya conocida y compartida por todos los bandos ideológicos: Colombia es un país jodido por su clase dirigente y merece mejor destino. La tesis es fácil de suscribir y es complaciente con el lector. Todos nos sentimos más cómodos culpando a los políticos y a los ricos de nuestros desastres en vez de tomarnos el trabajo de evaluar nuestras propias responsabilidades. ¿Acaso alguien estaría dispuesto a asumir la culpa por el estado actual de las cosas y se atrevería a pensar que la ética es también un problema personal?”ii.

De esa manera, no sólo se reduce la tesis del texto, que como se ha intentado mostrar en la síntesis precedente es un poco más compleja, sino que se continúa encubriendo la responsabilidad de la oligarquía –término que no usa Ospina-, que valiéndose de la violencia se ha ocupado de mantener sus privilegios a costas del sufrimiento del pueblo. Para suscribir el planteamiento de Ospina que responsabiliza principalmente a la dirigencia, y que a todas luces no es compartido por “todos los bandos ideológicos”, basta recordar que esas élites que se enriquecieron y se han enriquecido en cada una de las guerras, con frecuencia usurpando la propiedad de la tierra, jamás han respondido ante la justicia por sus crímenes y, como dice el ensayista, ni siquiera han tenido la delicadeza de pedir perdón a sus víctimas:

“En 1958 los jefes de los partidos Liberal y Conservador, que habían profanado y ensangrentado a Colombia, firmaron la paz. No lo hicieron para pedir perdón al país por los trescientos mil muertos de la Violencia y por todas las tragedias colaterales, sino para imponerle un curioso contrato: durante dieciséis años los mismos partidos que habían patrocinado el horror y la inhumanidad desde el Estado y fuera de él, que habían predicado la infamia y educado al país en la barbarie, se repartirían el poder sin permitir la expresión de ninguna otra fuerza política” (p. 147).

Ahora bien, si la tesis de Ospina fuese un consenso entre las orillas ideológicas, como quiere presentarlo Holguín, todo el país estaría de acuerdo en que quienes primero deben pedir perdón para que se acabe de una vez “la vaina” son los miembros de esa oligarquía, empezando por los delfines que han heredado sus capitales políticos, culturales y sociales, y que hoy copan el espacio político. Pero no es así y, muy por el contrario, se nos exhorta a “evaluar nuestras propias responsabilidades”, lo cual es otro argumento a favor de la tesis de Ospina: el encubrimiento operado por el discurso de las élites es tan poderoso que incluso las víctimas son las que tienen que pedir perdón a sus victimarios o cuando menos evaluar su responsabilidad en el hecho de haber sido victimizadas (¡!).

Con todo, también hay aspectos discutibles en la lectura que hace Ospina. Uno de ellos tiene que ver con su diagnóstico, según el cual muchos de los problemas del país se explican por la ausencia, o por lo menos por una asimilación hipócrita, del liberalismo y de la modernidad por parte de las élites. A este respecto podría decirse que en su argumento se han trastocado las causas y los efectos. Por el contrario, muchos de nuestros problemas se deben al excesivo liberalismo y el afán por alcanzar a como dé lugar la modernidad, que caracteriza la oligarquía colombiana.

Según Ospina, habría un déficit de liberalismo en nuestra historia política, o más bien un remedo: “Y digo remedo –afirma el escritor- porque en Colombia no se abrió camino jamás el pensamiento liberal que construyó las repúblicas modernas. Todos los países de América Latina fueron incorporados a la modernidad mediante un discurso liberal prestado: el que utilizaron los libertadores para independizarse de España y crear las primeras instituciones autónomas. Pero para que esa vocación fuera auténtica, en todas partes se hicieron necesarias profundas reformas liberales que volvieran realidad, siquiera parcialmente, el discurso” (p. 12-13). No obstante, cuando se repasa la historia del liberalismo, hay muestras de que en Colombia hubo liberales incluso más radicales que en la misma Europa, particularmente entre 1863 y 1886, cuando llevaron a cabo reformas que ni los mismos padres de esa doctrina política habrían llevado a tal radicalidad.

Además, de todos los países liberales, sean o no latinoamericanos, se podría predicar algo parecido: falta mucho para que el discurso liberal se vuelva realidad, incluso en Francia y Estados Unidos, admirados en varios párrafos por Ospina. Desde luego, hay un trecho inmenso si el racero para comparar es el Estado de bienestar que logró construirse en muchos de esos países y que, aún cuando mermado por obra del neoliberalismo, comparado con el Estado colombiano sigue siendo una hazaña de la humanidad. Sin embargo, detrás de esa argumentación a favor del liberalismo hay una franca idealización de experiencias de construcción de la nación como la estadounidense.

Por ejemplo, dice Ospina: “Algo distinto ocurrió en sus comienzos con la lengua inglesa en el norte del continente. Allí el peso de la ética protestante fue fundamental en la construcción de una legalidad responsable; allí el respeto por el ciudadano se fundó en una verdadera tradición ilustrada; allí se hicieron esfuerzos reales por incorporar las minorías al discurso incluyente de la nación; el pacto social fue respetado, los inmigrantes cíclicamente integrados al espíritu de la legalidad, el orgullo del territorio marcó el empuje de los empresarios, el mito americano configuró una leyenda nacional, y las prioridades del consumo interno, de la opinión ciudadana, de la grandeza del país, impulsaron todas las iniciativas económicas, políticas y culturales” (p. 173-174). Estas afirmaciones resultan inverosímiles cuando se constata que el encuentro con la otredad de los nativos, por parte de los colonizadores, tuvo en Norteamérica un tinte mucho más violento de lo que fue en nuestro territorio, pues allí devino en el genocidio: si aquí hubo un encubrimiento, allá hubo aniquilación. También cuando se evidencia que, aún después de los esfuerzos de Lincoln en el siglo XIX o del movimiento por los derechos civiles de Luther King J.R. en el XX, los afrodescendientes siguen siendo la población más discriminada, al punto que constituyen la población más pobre y más numerosa en las cárceles, aunque seguida de cerca por los latinos y otras etnias minoritarias.

Por otro lado, habrá que decir que una de las características del liberalismo como doctrina política es su formalismo, y a este respecto no es casualidad que sus críticos, empezando por el mismo Marx, tomaran ese atributo como blanco de su ataque, por ejemplo, en contra de la igualdad ficticia ante la ley que termina por mitificar y legitimar las desigualdades reales. Quizás es el acendrado liberalismo, y no la falta del mismo, lo que llevó a ese culto al formalismo que tanto critica el autor o a que, como también afirma, nuestra democracia fuera “siempre una democracia de fachada; lo importante no eran los derechos y la dignificación de los individuos; lo importante no eran la igualdad de oportunidades, la igualdad ante la ley, la protección de la vida, la honra y los bienes de los ciudadanos: lo importante eran las formalidades, el papel sellado, los discursos pomposos, todo lo que cupiera, no en la compleja realidad sino en el golpe de una frase elocuente” (p. 45). Pero el punto decisivo es que no es por falta de liberalismo que en Colombia persiste el orden colonial.

El problema de fondo es que Ospina supone que el liberalismo y la modernidad son la antítesis de los rezagos coloniales con que la oligarquía construyó una nación excluyente, cuando no necesariamente es así. Ospina pasa por alto que el liberalismo, si lo pensamos desde América Latina, no es más que otro discurso colonial. Este discurso no puede reducirse a la herencia hispánica que nos dejó la dominación colonial, la formalidad de la lengua y el catolicismo en que tanto énfasis pone el autor, pues los dispositivos y discursos de subordinación del colonialismo sólo son posibles si se piensan desde una perspectiva de desigualdad entre las culturas del mundo. Como han mostrado autores como Aníbal Quijanoiii, la dominación colonial también tiene un origen geopolítico, patente desde el momento mismo de la conquista en 1492, sin el cual no hubiese sido posible la modernidad que hizo de Europa el centro del mundo y de su forma de vida el camino a seguir: la “colonialidad” es la contracara de la modernidad. En otras palabras, nuestras oligarquías imitaron a Europa reforzando ese discurso colonial que afirma que “Occidente” constituye por excelencia la cultura “moderna”, “civilizada” o “desarrollada”, y fue también eso lo que las llevó a ver en nuestro territorio y en la diversidad de pueblos que lo habitan con su cultura y sus costumbres una muestra de barbarie o más recientemente de subdesarrollo.

Así pues, Ospina desconoce la articulación que existe entre el discurso colonial y el liberalismo. De acuerdo con el escritor: “Leer la historia del siglo XIX en Colombia, desde las batallas de la Independencia hasta las batallas de la guerra de los Mil Días, que terminó en 1902, es asistir a la derrota gradual de las ideas liberales y a un fenómeno más deplorable, el modo como los que abandonaban esas ideas pretendían seguirlas encarnando, aunque en realidad se plegaban al pensamiento y las costumbres de sus adversarios…” (p. 14-15). Empero, hay razones para sostener que el liberalismo decimonónico colombiano no fue sino otra forma excluyente de construir el Estado y la nación: leer a José María Samper y a otros liberales de su época es enfrentarse a los prejuicios más propios del liberalismo, no como partido sino como doctrina política, en materia racial y geográfica, calcados de lo más avanzado de la ciencia europea de su tiempo. Por ejemplo, en su discurso predominaba el determinismo biológico racialista y el determinismo geográfico. Para buena parte de la oligarquía liberal decimonónica, los llamados a gobernar, por su supuesta idoneidad y superioridad, eran los blancos. Y para colmo, esta “raza” sólo anidaba en las “civilizadas” tierras altas de los andes, nunca en las calientes costas ni en las tierras planas, donde a causa del clima supuestamente insalubre vivía la barbarieiv.

Con razón dice Ospina que desde la Independencia “una deuda de respeto y de dignidad con los pueblos nativos quedó pendiente mucho tiempo en Colombia, y sigue siendo uno de los desafíos de nuestra incorporación a la modernidad” (p. 22). Pero no advierte que si nuestros pueblos indígenas fueron excluidos del imaginario nacional no fue por la falta de liberalismo y modernidad de las élites criollas, sino a causa de ellos. Fue justamente porque los criollos independentistas abrazaron el discurso liberal de la ciudadanía individual, porque vieron esa suerte de ciudadanía corporativa que tenían los indígenas bajo la “república de indios” en la Colonia -que les garantizaba una propiedad colectiva o comunitaria de la tierra y el mantenimiento de su cultura- como un rezago de barbarie, que decidieron excluirlos en tanto pueblos, naciones o comunidades indígenas, y sólo admitirlos en la nación si se convertían en “ciudadanos”, en esos ciudadanos individuales y abstractos del liberalismo, que podrían parcelar sus propiedades e introducirlas en el supuesto ambiente civilizatorio del mercadov.

En fin, tal vez habría valido la pena precisar el concepto de modernidad sobre el que se construye el andamiaje crítico del ensayo, pues aunque reiterativo resulta contradictorio. Algunas veces da la impresión de que Ospina se refiere a la modernidad tal como se conoce en los países “desarrollados”; por ejemplo, cuando critica nuestra falta de infraestructura, hasta el punto de que la capital del país no tenga un metro. Podría inferirse que se trata de un concepto convencional de modernidad, esto es, eurocéntrico y antropocéntrico con una visión instrumental de la naturaleza. Un concepto muy difícil de defender hoy en día, cuando la crisis ambiental ha planteado la necesidad del decrecimiento económico y de alternativas al paradigma del desarrollo como el Buen Vivir/Vivir Bien, que contienen otros horizontes éticos para guiar las relaciones entre los seres humanos, y entre ellos y la naturaleza. Empero, en otros momentos de la argumentación, Ospina parece ofrecer otra comprensión de la modernidad: un concepto que pasa por construir una vía propia para desarrollar las potencialidades y, en consecuencia, que empieza por dar solución al problema de la identidad, como un elemento necesario para dialogar con la modernidad: “Cómo no entender –escribe- que el mundo indígena tenían un papel fundamental que cumplir en la construcción de las repúblicas? No era apenas el sistema de mitos arcaicos, la larga familiaridad con un mundo y su sentido de pertenencia: era la posibilidad de dialogar con la modernidad desde una perspectiva precisa” (p. 130). Así lo habrían hecho países como México que supieron encontrar parte de la “conciencia de sí” en su herencia indígena, para proyectarse al mundo y dialogar con otras naciones en condiciones de igualdad.

En cualquier caso, parece muy tímido un futuro deseado, por no llamarlo una utopía, basado en la afirmación de un liberalismo y una modernidad “verdaderos” en contra de la simulación que de ellos ha hecho la oligarquía. Los retos del mundo contemporáneo, en particular la necesidad de reformular nuestra relación con la otredad y la diversidad, cuestión crucial en un país en guerra como Colombia, así como con la naturaleza, evidencian los límites de ese horizonte normativo. La ciudadanía individual abstracta se ha revelado incapaz de hacer frente a la diversidad cultural en el interior del Estado, de ahí los recientes esfuerzos por erigir en nuestra región Estados plurinacionales. El modelo de modernidad basado en el crecimiento económico reclama, de cara a la crisis ambiental, una reformulación que pasa por transformar muchos de sus principios, empezando por el dualismo entre cultura y naturaleza, que tiene como consecuencia perversa esa visión instrumental del medio ambiente en la que se hace al ser humano el propietario del mismo, porque ha llegado a amenazar la vida en el planeta. Además, como se ha visto, entre esos ideales y el reconocimiento del territorio, la dignificación de nuestros pueblos, en suma, el descubrimiento de lo que a fuerza se ha mantenido encubierto, existen muchas contradicciones.

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i Catalina Holguín Jaramillo, “En mis notas soy extenso”. http://www.revistaarcadia.com/opinion/critica/articulo/en-mis-notas-soy-extenso/34699

ii Ibid.

iii Aníbal Quijano, “Colonialidad del poder y clasificación social”, en S. Castro-Gómez y R. Grosfoguel (eds.) El Giro Decolonial: Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global. Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana / Siglo del Hombre Editores, 2007, p. 93-94.

iv Alfonso Múnera, Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá, Editorial Planeta Colombiana, 2005.

v Catalina Reyes Cárdenas, “La participación popular en la primera república en el Nuevo Reino de Granada, 1810-1816”, en Heraclio Bonilla (ed.), Indios, negros y mestizos en la Independencia, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia-Planeta, 2010, pp. 77-83.

 
 

SEMINARIO "DEMOCRACIA REAL Y ASAMBLEA CONSTITUYENTE" 11-13 DE MARZO

 

Martes 11 de marzo

14.00 – 16.15

Panel: Movimiento social y popular y procesos constituyentes. Experiencias de Nuestra América

16.15-18.30

Panel: Reinvención de la política, democracia real y Asamblea Nacional Constituyente

 

Miércoles 12 de marzo

14.00 -16.15

Panel: La Constitución de 1991: vigencia y diseños en entredicho

16.15 – 18.30

Panel: Procesos populares y poder constituyente. Experiencias y miradas desde el movimiento

 

Jueves 13 de marzo

14.00 -16.00

Panel: Condiciones y posibilidades de un proceso constituyente

16.00 -18.30

Panel: Alcances y perspectivas de una Asamblea Nacional Constituyente

 
 

III Congreso de Ciencia Política ACCPOL

 

Afiche

 

Formato de Registro de Paneles

 

Formato de Registro de Abstracts

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

Ampliación fecha para inscripciones al XI Coloquio de Estudiantes de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de La Pontificia Universidad Javeriana

 

La Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Bogotá, se permite informarles que fueron ampliadas las fechas de inscripción para participar en el “XI Coloquio de Estudiantes”, que se llevará a cabo los días 15 y 16 de mayo del año en curso.

 

Las ponencias que se presenten deben ser de ciencia política y/o relaciones internacionales. Las mejores ponencias se publicaran en la “Revista Papel Político Estudiantil”, de nuestra Facultad.

 

Inscripciones

Entrega de ponencias: sordonez@javeriana.edu.co

Requisitos de presentación

Afiche

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

Revista Ciencia Política No. 016

 

Consulte aquí el último número de la revista Ciencia Política, publicación semestral del departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

Incentivos Institucionales

 

-Convocatoria Nacional de Jóvenes Investigadores e Innovadores 2014, COLCIENCIAS.

 

-Apoyo a grupos de investigación: Internacionalización del conocimiento.

 

-Convocatoria Difusión del conocimiento mediante eventos de investigación, creación e innovación.

 

-Convocatoria del Programa Nacional para la Visibilidad Internacional de la Producción Académica mediante el apoyo para traducción o corrección de estilo de artículos de investigación 2013-2015

 

-Programa nacional de Semilleros de Investigación, creación e innovación de la Universidad Nacional de Colombia 2013–2015

 

-E-books Editorial UN: La convocatoria para la estandarización y conversión de libros en formato digital aún está abierta

 
 

Convocatoria de becas del Gobierno de México: Plataforma de movilidad estudiantil y académica de la Alianza del Pacífico

 

Convocatoria de becas para intercambios académicos en nivel de licenciatura, doctorado y para profesores universitarios. Está abierta para los programas de Negocios, Finanzas, Comercio Internacional, Administración Pública, Ciencia Política, Turismo, Economía, Relaciones Internacionales, Medio Ambiente y Cambio Climático, y Otras tales como ingenierías, ciencia y tecnología, ciencias exactas, entre otros siempre que se ajusten a los objetivos de la Alianza del Pacífico ligados a relaciones comerciales e internacionales).

 

Para los estudiantes de licenciatura la beca tendrá una duración de máximo 6 meses, con un soporte financiero de 650 USD. Para los niveles de doctorado y profesores, las becas tendrán una duración de máximo dos periodos académicos y una asignación mensual de 950 USD.

 

Es necesario que la universidad de origen del candidato cuente con convenios de cooperación académica vigentes con las universidades mexicanas que participan en la convocatoria, además, el intercambio académico solo podrá realizarse con las instituciones mexicanas que estén incluidas en el programa de cooperación de la Alianza del Pacífico. Consulte aquí la información sobre las instituciones educativas en México con las que se tiene convenio.

 

Esta convocatoria permanecerá vigente del 15 de enero al 30 de abril de 2014. Los resultados se publicarán el mes de junio.

Más información

 
 

Becas de posgrado en El Colegio de la Frontera Norte (COLEF, México)

 

El Colegio de la Frontera Norte (Colef) es una institución pública del Gobierno Mexicano dedicada a la investigación y la docencia, la cual ofrece programas de posgrado sin cobro de colegiaturas y con becas de manutención.

 

La institución cuenta con siete maestrías y un doctorado, a saber: Maestría en Desarrollo Regional, Maestría en Economía Aplicada, Maestría en Estudios de Población, Maestría en Administración Integral del Ambiente, Maestría en Estudios Culturales, Maestría en Acción Pública y Desarrollo Social, Maestría en Gestión Integral del Agua y Doctorado en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios Regionales.

 

Los estudiantes seleccionados serán acreedores a una beca de manutención que otorga el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Asimismo, a través de El Colef se gestionaran becas de intercambio estudiantil y estancias de investigación. Es importante destacar que los alumnos admitidos también recibirán una beca de manutención otorgada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México y están exentos de todo pago referente a matrícula y gestión escolar.

 

El cierre de la convocatoria es el día 16 de mayo de 2014. Para consultar más información sobre la convocatoria y sus requisitos, consulte aquí.

 

Más información

 
 

Curso de entrenamiento para estudiantes de doctorado en internacionalización de la educación superior

 

El seminario de entrenamiento en investigación ofertado por el Centro para la Internacionalización de la Educación Superior de la Università Cattolica del Sacro Cuore (Milan, Italia), es ofertado para estudiantes de doctorado de diferentes países del mundo.

 

Se busca brindar herramientas a los y las estudiantes para desarrollar sus proyectos de tesis y de sustentación de las mismas. También busca ser un espacio para la creación de redes internacionales de investigación. El seminario reúne investigadores senior, profesionales de la educación internacional y aspirantes a investigadores, para discutir temas actuales de investigación, desarrollar propuestas de investigación, así como desarrollar sus habilidades metodológicas y analíticas.

 

El cierre de inscripciones es el día 14 de marzo de 2014. Para más información, consulte aquí, o contáctese al siguiente teléfono o dirección electrónica: chei@unicatt.it., +39.02.7234.5116 (9.00 - 12.30, Italia).

 
 

Becas de investigación CLACSO-UMET - Tema: Nuevos modelos sindicales en América Latina y el Caribe

 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) anuncian el lanzamiento del Concurso de Becas CLACSO-UMET “Nuevos modelos sindicales en América Latina y el Caribe”, dirigido a científicos/as sociales de América Latina y el Caribe. Con este concurso las instituciones organizadoras buscan incentivar el desarrollo de investigaciones originales sobre el tema y promover el debate público mediante la exposición de los trabajos finales en un seminario internacional.

 

La fecha de cierre de la convocatoria es el 31 de marzo de 2014. Para mayor información, consulte aquí.

 
 

Becas para programas de pregrado y posgrado en Macquarie University - Australia

 

 

Mayor información aquí

 

 

 

 
 

Becas para Maestría en Estudios para la Paz - Liverpool Hope University – Inglaterra

 

Esta maestría ofertada por la Universidad Liverpool Hope, busca facilitar la reflexión sobre la complejidad de la paz y de la construcción de paz, combinando aproximaciones teóricas con investigaciones profundas en estudios de caso. El objetivo de la maestría en Estudios para la Paz busca deconstruir la noción de paz y arrojar luces sobre las problemáticas de la construcción de paz.

 

Los cursos que estructuran el programa de maestría están articulados a los estudios en relaciones internacionales, pero también vincula reflexiones desde la historia, la economía, estudios de la región y el derecho.

 

Si esta descripción le llamó la atención, consulte aquí para más información.

 
 

Becas AHDA para programa sobre conflicto y post-conflicto - Columbia University – EEUU

 

La beca ofertada permitirá a entre siete y diez profesionales del diálogo histórico y la rendición de cuentas en sociedades en conflicto, posconflicto o sociedades posdictatoriales, hacer parte en un programa de estudio y de entrenamiento en la Universidad de Columbia.

 

Se consideraran como profesionales del diálogo histórico a representantes de las organizaciones de la sociedad civil, periodistas, realizadores de cine y artistas.

 

El objetivo de esta beca es crear una red de profesionales del diálogo histórico, para fomentar una atmósfera académica dinámica que permita les permita iniciar y desarrollar nuevos proyectos y facilitar la discusión sobre el pasado en sus respectivas sociedades.

 

Si se encuentra interesado o interesada, consulte aquí para más información.

 

 

 
 

Becas para programas de maestría de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Londres – Inglaterra

 

Becas para programas de maestría de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Londres – Inglaterra

 

Existen siete becas para maestría SOAS en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Londres. Cada beca tiene un valor de £15,957 en total.

 

Si se encuentra interesado en consultar de qué se trata, consulte aquí. Pero recuerde, la fecha límite de inscripción es el 20 de marzo de 2014.

 
 

Becas para la Sexta Escuela del Sur de Gobernanza de Internet 2014 - Trinidad y Tobago

 

Se encuentra abierto el llamado a participar para la Sexta Escuela del Sur de Gobernanza de Internet 2014, que se celebrará en Trinidad y Tobago – Puerto España desde el 28 de abril al 02 de mayo 2014.

 

Consulte aquí, para mayor información.

 
 
 

Becas para “Curso Regional sobre Producción más Limpia” - Argentina

 

Entre el 10 y el 28 de marzo de 2014 - Organizado por la Cancillería Argentina, JICA y CTS-UTN. Se prevén Becas de Estudios y Gastos para 12 postulantes de América Latina La Universidad Tecnológica Nacional (UTN), a través del Centro Tecnológico para la Sustentabilidad (CTS-UTN) dependiente de la Secretaría de Extensión Universitaria, en conjunto con la Dirección General de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina y la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), realizará la primera edición del “Curso Regional sobre Producción más Limpia”.

 

El mismo forma parte del Programa de Capacitación para Terceros Países en el Marco del Programa de Asociación entre Japón y Argentina, y está dirigido a técnicos y especialistas de gobierno relacionados con la temática ambiental e industrial de los países de América Latina y el Caribe, comprometidos con la gestión de la producción y el consumo sustentable.

 

El Curso constará de tres módulos relacionados con la Producción y el Consumo Sustentables, la Eficiencia en el uso de recursos y energía y calidad y medio ambiente.

Mayor información aquí.

 
 

VARIAS

 

- Becas del Gobierno de Beijing - China

 

- Becas de posgrado en Alemania.

 

- Becas de la Wells Mountain Foundation

 

- Lista de programas de Maestría de la beca Erasmus Mundus - Europa

 

- Becas en Holanda para colombianos

 
 

Becas para latinoamericanos en el exterior

 

Y si ninguna de las becas anteriores le llama la atención, no se preocupe, hay un portal web que lo puede ayudar. Se trata de la página Becas y Convocatorias que pretende reunir en un solo lugar la totalidad de becas para latinoamericanos en el exterior que actualmente están circulando.

 

Inténtelo, nada tiene que perder.

 

 

 

 

 

 
 

Movimientos sociales y acción política en América Latina

 

- Vea, en el siguiente video, al profesor Leopoldo Munera, en entrevista con Raúl Zibechi. Comunidad, nuevas subjetividades políticas, territorialidades y resistencias hacen parte de su amena conversación. No se la pierda.

 

- Escuche en este link de la UNRadio, la presentación de la tesis laureada de Fernanda Espinoza, sobre la Trayectoria del Movimiento Político A Luchar.

 
 
 
 
 

 

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