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RESEÑA HISTORICA


Antes de la Nacional:


de lo ideal a lo inútil

Cuarenta y ocho años separaran la gesta de la independencia del momento de creación de la Universidad Nacional. Este período se convertiría en una época de contradicciones sobre la organización de la educación y, en especial, sobre la importancia de las universidades y la incidencia que el Estado, los partidos y la Iglesia deberían tener en ellas.

Las cinco décadas se iniciaron con el sueño, propuesto por Santander y Bolívar, de constituir universidades para formar a los dirigentes de la nación; pasaron por la posición de José Hilario López, quien consideró inútiles las universidades y sus títulos para el ejercicio de las profesiones; y concluyeron con los esfuerzos del general Mosquera y de su amigo y detractor Santos Acosta, para consolidar institutos públicos que ofrecieran educación profesional.

En este contexto se han ubicado los antecedentes de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia. Hemos preferido este tiempo al de la Colonia, en el cual existieron institutos que enseñaban la "ciencia jurisprudencial", y, en concreto, hemos optado por definir el surgimiento de la Universidad Central de Bogotá, como el hito fundacional más próximo a la consolidación de una Escuela Pública en la que se estudiara el Derecho. Ello ha sido determinado por varias razones. Para empezar, se trataba de la época del nacimiento de la República independiente, que si bien se encontraba profundamente marcada por la cultura española, también se esforzaba por hallar su identidad desde las necesidades e intereses de la joven Gran Colombia. De otra parte, su creación por iniciativa del Estado, a diferencia de las demás universidades de ésta y otras épocas, que por lo general fueron fundadas por órdenes religiosas, constituye un elemento determinante para establecer las similitudes de aquella Universidad Central con la Universidad Nacional. Finalmente, nos ayuda a optar por este antecedente, el hecho de que la percepción social presentaba a la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia, como la expresión de la refundación o reorganización de la Universidad Central.

El año 1826 vi ó surgir a las universidades públicas de Quito, Caracas y Bogotá. La ley del 18 de marzo, se encargó de crearlas con cinco facultades: Filosofía, Jurisprudencia , Medicina, Teología, y Ciencias Naturales. El Decreto Reglamentario del 3 de octubre de 1826, firmado por el general Santander, determinó el Plan de estudios. De acuerdo con estas disposiciones la enseñanza del Derecho se organizó así:

La clase de jurisprudencia comprende las cátedras siguientes: una de principios de Legislación universal, y de Legislación civil y penal; una de Derecho público, político, constitución y ciencia administrativa; una de Historia e Instituciones del Derecho civil romano y de derecho patrio; una de Economía política; una de Derecho internacional o de gentes, y una de Derecho público eclesiástico, instituciones canónicas, disciplina e historia eclesiástica y suma de concilios.

La inauguración de la Universidad Central de Bogotá tuvo lugar el 25 de diciembre de 1826, en la iglesia de San Ignacio. Entre la nómina de gestores de esta iniciativa se contaron Fernando Caycedo y Flórez, su primer rector, así como los catedráticos Vicente Azuero, José María del Castillo y Rada, Ignacio de Herrera, José Félix de Restrepo, Francisco Soto, Tomás Tenorio y Estanislao Vergara. La mayor parte de este grupo de forjadores se dedicaba al estudio del Derecho, lo cual permitió concluir a la Academia de Historia, que esta Facultad era la más antigua de las escuelas de la Universidad Nacional. En un informe presentado por Julio César García, en 1951, y aprobado posteriormente por la Academia, se lee:

De lo expuesto se deduce que el verdadero origen de ésta (la Universidad Nacional) fue la Universidad Central. Dentro de ella la primera facultad que funcionó fue la de jurisprudencia, después la de medicina, y a continuación, en su orden, las de ingeniería, odontología, medicina veterinaria, agronomía, farmacia, etc.

Desde su origen la Facultad de Jurisprudencia dio lugar a debates de distinta naturaleza. Para esta época aparecen las primeras expresiones de inconformidad frente al uso obligatorio de los textos de Jeremías Bentham y Juan Bautista Say, para la enseñanza universitaria. La Iglesia y otros sectores reaccionaron en contra de los planteamientos de estos autores sobre el utilitarismo y el sensualismo. La discusión reaparecería en distintas épocas, hasta que las reformas educativas de La Regeneración le pusieron punto final con la adopción de textos ajustados a la "moral y la religión católica".

En este período la enseñanza universitaria privilegiaba los estudios de jurisprudencia y medicina. Así, el artículo 16 de la Ley 4, de mayo de 1840, señalaba:

Las universidades quedan bajo la dirección del poder ejecutivo; i en ellas se enseñarán de preferencia la jurisprudencia y la medicina.

En este artículo aparece un elemento más que distinguirá a la Universidad Nacional y, por tanto, a la Facultad de Derecho hasta los años treinta del siglo XX. Se trata del estricto control que ejercieron los gobiernos de turno sobre la Universidad. Este aspecto se fortaleció en 1842 con la expedición de la ley 1ª, la cual definió al secretario del Interior y Relaciones Exteriores, como director general de la Instrucción Pública. En desarrollo de estas facultades, la Ley 7 de mayo 21 de 1842, en su artículo 2, estableció:

Art. 2 Corresponde al poder ejecutivo dictar los reglamentos y órdenes necesarias para la organización y dirección de estos establecimientos; nom­bra­miento, suspensión y destitución de los empleados; recaudación, conta­bilidad e inversión de los fondos i rentas; conservación, administración y enajenación de sus bienes; creación, dotación y supresión de cátedras; i sobre todo lo demás relativo a la enseñanza.

En esta misma norma aparece una tendencia también característica del manejo dado a la educación universitaria, consistente en la pretensión de reunir en un solo órgano el mayor número posible de instituciones relacionadas con el desarrollo del conocimiento. Expresiones de ello son los artículos 1 y 3:

Art. 1 La Universidad Central, el colegio de San Bartolomé, el museo i la biblioteca nacional, quedan bajo el gobierno i dirección de un solo superior, que se denominará rector de la Universidad i del Colegio de San Bartolomé.

Art. 3 El poder ejecutivo se sujetará, al espedir los reglamentos de que habla el artículo anterior, a las prevenciones siguientes:

1° En el nuevo establecimiento se enseñarán tanto las ciencias profesio­nales cuya enseñanza es peculiar de las universidades, como también los idiomas, ciencias esactas, naturales y morales, i los demás conocimientos que son propios de los colegios provinciales.

En esta época se mantendría el funcionamiento de las cátedras de jurisprudencia en el Colegio de San Bartolomé, tal como había sucedido desde la creación de la Universidad en 1826.

La justificación de la existencia de las universidades perdió peso durante el gobierno de José Hilario López. El 15 de mayo de 1850, se expidió una ley que establecía la libertad de enseñanza en todos los ramos de las ciencias, las artes y las letras. Esta libertad se traducía en la extinción de los títulos académicos como requisito para el ejercicio de las "pro­fesiones científicas", y en la supresión de las universidades.

El esfuerzo del gobierno se dirigió, entonces, a la consolidación de las Sociedades democráticas, las cuales se establecieron,principalmente, para ofrecer formación a los artesanos.

Como parte de la estrategia de reforma, fue expedido el decreto del 25 de agosto de 1850, en el cual se dijo: "Habrá en la República tres colegios nacionales a saber: en Bogotá, Cartagena y Popayán". Por ello, el 10 de marzo de 1853 se declaró independiente el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, que funcionaba como parte de la Uni­versidad Central, y el 30 junio de ese mismo año se adicionó el decreto del 25 de agosto de 1850, con la organización de las escuelas que funcionarían en el colegio nacional de Bogotá: el San Bartolomé. Dentro de las enseñanzas que se impartirían se contaba la de Jurisprudencia.

Finalmente, el decreto 29 de 1856, confirmó que los colegios nacionales eran las antiguas universidades.

A pesar de estas transformaciones, los colegios del Rosario y San Bartolomé, mantuvieron, aunque marginalmente, la tradición universitaria y expidieron títulos en medicina y jurisprudencia. Sin embargo, los efectos de la disposición llevarían a la pérdida de interés por realizar estudios profesionales.

Sobre los resultados de esta época, el primer rector de la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia, Manuel Ancízar, decía en el tomo I de los anales de esta institución:

.En veinte años de experimentación, este sistema ha dado todos los frutos que de él pueden esperarse. Mui contados son los jóvenes, que merced a una vigorosa intelijencia i creándose ellos mismos un método de estudios, han llegado a ser científicos: i es la verdad, que entre la jeneración universitaria de 1848 i la que hoy estudia, se encuentra un irreparable vacío intelectual: "tenemos bombas de jabón aspirando a subir como globos aeroestáticos", ha dicho un profesor de otros tiempos, resumiendo en esta frase cuanto pudiera decirse para pintar la insipiencia en que hemos caído.

En el número 15 del periódico El Tradicionista , publicación dirigida por Miguel Antonio Caro, se describía esta época no universitaria en los siguientes términos:

Diez y ocho años de anarquía en los estudios habían producido deplorables resultados: los jóvenes estudiosos se habían visto durante ese tiempo en la imposibilidad de seguir con provecho una carrera, al propio tiempo que el empirismo había encontrado abierta la puerta de todas las profesiones letradas; la educación, y sobre todo la educación profesional, se había hecho superficial y del todo incompleta, y la ignorancia competía con la ciencia, sin que la sociedad tuviese un medio seguro para distinguir a los charlatanes de los verdaderos profesores.

Estos hechos constituyeron el preludio de la apertura de la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia. Cuatro años después de expedida la Constitución de Rionegro, y unos meses luego de la caída del general Mosquera, por obra de sus "fieles" colaboradores de otros tiem­pos, se presentaría la propuesta de conformar la Universidad del Estado. Esa misma que hoy reúne a más de veinticinco mil estudiantes, nacería entonces con un poco más de trescientos, en medio de las diferencias de partido, sustentadas principalmente en las discusiones sobre los asuntos religiosos, que incidirían constantemente en la vida institucional de esta primera época.